La prueba testifical es, sin duda, uno de los pilares fundamentales en cualquier proceso penal. A menudo, el testimonio de una persona es la clave que permite reconstruir los hechos y determinar la verdad jurídica. Sin embargo, como abogados, sabemos que esta prueba es también una de las más frágiles y complejas de manejar. La fiabilidad y la credibilidad de un testigo no son conceptos sinónimos, y su evaluación es crucial para el resultado de un juicio.
Fiabilidad vs. Credibilidad: Entendiendo la Diferencia
Es vital distinguir estos dos términos:
- 1. Fiabilidad (Objetiva): Se refiere a la calidad intrínseca del testimonio en sí mismo. ¿Refleja el relato fielmente lo que ocurrió? Está directamente relacionada con la capacidad del testigo para percibir, retener y recordar los hechos. Factores como las condiciones ambientales en el momento de la percepción (oscuridad, distancia, rapidez), el estado emocional del testigo (estrés, miedo) y los sesgos de la memoria juegan un papel determinante. Por ejemplo, un testigo puede ser no fiable si sufrió un lapsus de memoria o si su visión estaba obstruida, aunque no tenga intención de mentir.
- 2. Credibilidad (Subjetiva): Se centra en la persona del testigo y su intención de decir la verdad. ¿El testigo está mintiendo, exagerando o manipulando su relato? Aquí se evalúan aspectos como:
- La coherencia interna del testimonio y con el resto de la prueba.
- La ausencia de interés o animadversión hacia alguna de las partes (móviles espurios).
- Su actitud y lenguaje no verbal durante la declaración (aunque esto debe tomarse con cautela).
- Sus antecedentes (por ejemplo, si ha mentido en otras ocasiones).
Los Peligros de la Memoria: Un Testigo Honesto, un Relato Erróneo
En la práctica forense, el mayor desafío no reside solo en detectar al testigo que miente deliberadamente, sino en lidiar con el testigo sincero pero equivocado. La Psicología del Testimonio ha demostrado consistentemente que la memoria humana es constructiva y susceptible a la distorsión. Algunos fenómenos comunes que afectan la fiabilidad incluyen:
- Memoria Inducida: Cuando preguntas sugestivas o la información posterior al evento (ej. conversaciones con otros testigos o medios) «contaminan» el recuerdo original.
- Transferencia de Memoria: Atribuir erróneamente una acción a la persona equivocada (ej. confundir al autor del delito con alguien que vio cerca).
- Efecto Arma: El foco de atención del testigo se centra en un arma o un elemento peligroso, debilitando la capacidad de recordar otros detalles (como el rostro del agresor).
La Labor del Abogado Penalista
Nuestra misión como defensores o acusadores se centra precisamente en someter el testimonio a un riguroso escrutinio.
- En la Preparación: Debemos investigar a fondo las circunstancias de la percepción del testigo (ángulo, luz, tiempo) y su potencial interés en el caso.
- En el Interrogatorio (Contrainterrogatorio): La clave es diseñar preguntas que revelen las posibles fallas en la fiabilidad (ej. «¿A qué distancia estaba?», «¿Había mucha gente alrededor?») y en la credibilidad (ej. confrontando inconsistencias previas o revelando sesgos).
- En el Informe Final: Articulamos claramente ante el tribunal por qué, a nuestro juicio, el testimonio debe ser desechado o valorado con extremas reservas, ya sea por ser no fiable (incapacidad de recordar) o por ser no creíble (intención de engañar).
Conclusión
El testigo es un ser humano, no una grabadora de vídeo. Comprender las limitaciones de la memoria y la influencia de los sesgos es esencial para una correcta administración de justicia. La presunción de veracidad debe ser matizada por la duda racional. Como abogados, somos los guardianes de esta cautela, asegurando que ninguna condena se base en un relato que, aunque bienintencionado, esté viciado en su origen o, peor aún, manipulado a propósito.
El peso de la prueba recae sobre un delicado equilibrio: la palabra humana.


